sábado, 18 enero 2020, 12:58
Miércoles, 07 Noviembre 2012 16:57

Perú: Se preparan condiciones para el golpe de Estado «blando»

Escrito por  David Urra / CONTRAINJERENCIA
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Al parecer, los EE.UU. no desean esperar más, y el presidente Obama, abocado a unas elecciones difíciles, desea presentar como hecho consumado su nueva modalidad de golpes «blandos» en América Latina.

 

La operación estaba montada de antemano y el objetivo inicial es golpear a los más débiles primero, para dejar sin base de apoyo a los que tienen un proceso más sólido y aislarlos en el subcontinente, lo que provocaría un retroceso en lo alcanzado y una vuelta a la subordinación yanqui.

La pregunta que se hacen algunos especialistas es: ¿Cuándo y cómo será el próximo golpe?

Todo parece indicar que será en Perú. Ya se están sentando las condiciones que comenzaron con el enfrentamiento en Cajamarca, donde se produjeron cinco victimas y se instauró el toque de queda que fue retirado con posterioridad, pero donde hay un fuerte movimiento en contra de una transnacional que pretende realizar un proyecto que afectaría el abasto de agua a la población local.

Como es de esperar, ahora los MMD hacen su trabajo y generan la matriz de opinión donde, por supuesto, el principal culpable es el gobierno del presidente Humala.

Claro que ya los «ingredientes» están elaborados y listos para servir. Por un lado, el trabajo de desunir a los representantes indígenas se ha estado desarrollando de forma silenciosa, pero efectiva. Las exigencias magnificadas y llevadas hasta los extremos por estos grupos indígenas, estimulados por las ONG que hacen el trabajo sucio dentro del país, hacen casi imposible gobernar en el Perú.

Al igual que en Bolivia, los grupos indígenas tienen un peso importante en la población peruana, la tarea de enfrentarlos al gobierno es la pieza clave para su desestabilización.

Por otro lado, se prepara a la opinión pública para aceptar el «mal proceder» del gobierno, enarbolando los principios éticos que nunca se han respetado en ese país por gobierno alguno (el general Velazco Alvarado como excepción) y que permiten justificar el golpe en cualquiera de sus variantes.

Ahora se amplifican estas acciones con la ofensiva que se lleva contra la alcaldesa de Lima, Susana Villarán, quien está siendo asediada por múltiples protestas en las que se mezclan justas reivindicaciones que llevan años sin resolver y otras no tan justas apoyadas por determinados grupos de la derecha peruana con apoyo de pequeños empresarios que rondan la ilegalidad y que se alían también incluso a grupos mafiosos y delincuenciales. En su lucha por desplazar a los dirigentes de izquierda, todo vale.

En un trabajo publicado en nuestro sitio y titulado «EE.UU. se lanza a la fase final de la guerra contra el ALBA», explicábamos cuáles eran las debilidades de algunos gobiernos de izquierda en AL. En el caso peruano, Ollanta Humala no ha realizado ningún cambio estructural en el país, solo se ha dedicado a dejar correr las cosas, manteniendo intactos los poderes fácticos y el sistema neoliberal.

Según se ha demostrado, es imposible bajo tales circunstancias lograr hacer algo importante en este sentido, donde la oligarquía, apoyándose en los mecanismos creados por ella para perpetrarse, maneja los hilos del país. Paraguay es un buen ejemplo de esto.

Recuerdo como en los años del gobierno de la Unidad Popular en Chile, con Salvador Allende como presidente, había cierto escepticismo entre las filas de la izquierda sobre la viabilidad o no de esta forma de llegar al poder y sus reales posibilidades de hacer algo por el pueblo.

En determinada ocasión, se planteaba que era imposible que un gobierno progresista pudiera mantener el poder e implementar medidas progresistas, manteniendo los poderes de la oligarquía y su estructura de gobierno –o desgobierno.

Por otra parte, los partidarios de las revoluciones armadas no concebían cómo el poder pasaría al pueblo sin eliminar las estructuras, establecidas en los países latinoamericanos durante tanto tiempo.

Fue la revolución venezolana la que indicó el camino para llegar al poder sin necesidad de realizar una campaña militar. Esto no quiere decir que no haya lucha y en ocasiones con el empleo de las armas. Lo que significa esto es que existe la forma de lograr los cambios que necesitan los pueblos latinoamericanos para desmontar el sistema neoliberal.

La cuestión estriba en que lo importante es poner en práctica las medidas que permitan lograrlo. En algo están claros los que defienden la lucha armada, y es en el hecho de que el cambio es indispensable, sin él no hay posibilidades de triunfar, en el más amplio sentido de la palabra.

Cambios fundamentales:

-Estructurar un movimiento popular que no esté viciado con los partidos tradicionales y sus dirigentes corruptos.

-Realizar un trabajo de concientización de las masas, para que comprendan que ellos pueden cambiar las cosas y que otro mundo es posible.
   
-No hacer concesiones durante los procesos electorales y no tratar de hacer alianzas con quienes nunca los van a ayudar.
   

-Una vez tomado el poder, fortalecer el papel de las masas y emplearse a fondo en la tarea de cambiar la base legal que permita tener las herramientas que a su vez permitan cambiar el estado de cosas. En la mayoría de los casos, las constituciones latinoamericanas están estructuradas con numerosos vicios que no permiten al pueblo tomar las riendas de sus destinos. Su refundación es indispensable, pero no lo único que se necesita cambiar. Las estructuras sociales, económicas, legales, jurídicas, informacionales y de incidencia estratégica en los países, deben responder a los intereses de las mayorías, no de las oligarquías.

-Igualmente juegan un papel fundamental las formas de organización social, donde se hace necesario mantener la unidad como base del logro de los objetivos trazados. No es posible que las oligarquías, donde el egoísmo y los intereses mezquinos están entronizados hasta el tuétano, logren niveles de unidad superiores a los del pueblo.
   

-Igualmente importante es romper con el monopolio de los Medios Masivos de Difusión en manos de los poderes financieros. Para ello se debe comenzar por cuestionar el mito de que para que los medios sean verdaderamente libres, deben estar en manos privadas. La vida nos ha demostrado que los medios privados nunca podrán ser «verdaderamente libres», porque la oligarquía nunca dejará que sirvan a los intereses de la mayoría.
   

-Por último, es precisamente en la formación de fuerzas castrenses al servicio de las oligarquías, donde EE.UU. ha trabajado con más ahínco para garantizar sus intereses en la región. La mal llamada «Escuela de las Américas» es quizás el ejemplo más acabado de esta política, de donde ha emergido más de un dictador que ha ensangrentado nuestro continente. Reconvertir estas fuerzas para que cumplan verdaderamente su función social, es una tarea difícil, pero impostergable, si se quiere en verdad cambiar el estado actual de las cosas en Latinoamérica. Los torturadores y las elites castrenses que han servido para reprimir a los pueblos latinoamericanos no pueden convertirse en garantes de ninguna verdadera democracia que represente al pueblo de la región.

Humala hizo muchas concesiones para poder llegar al poder, sin comprender que llegar no era la meta, sino cambiar el estado de cosas en el país.

Gobernar desde la izquierda implica un compromiso, no solo por las esperanzas que los pueblos ponen en estos gobiernos, sino y por la responsabilidad que los dirigentes de la izquierda tienen en cumplir con esas expectativas. De no hacerlo, se corre el riesgo de perder la confianza que el pueblo tiene en estos movimientos, y entonces el daño que se le propina a la emancipación del continente puede trascender las fronteras.

Esperamos que Humala comprenda que su papel no es parecer ser presidente, sino ejercer el mandato del pueblo.

Humala proviene de la clase más humilde en nuestra región, los pobladores autóctonos que han vivido por cientos de años en estas tierras y tienen todos los derechos del mundo para disfrutarlas. Ponerse a su servicio no es solo su deber, sino una obligación. Pienso que ha perdido la brújula y divaga sin rumbo y esto le puede costar muy caro, no solo a él, sino a su sufrido pueblo.

Por esto debería seguir el consejo de la sabiduría popular que reza: «Si no sabes a dónde vas, regresa, al menos sabrás de dónde vienes».

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