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Domingo, 04 Noviembre 2012 04:59

Santificada sea tu bomba…

Escrito por  Arnaldo Musa
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Para nada importa quién salga presidente en Estados Unidos: el complejo militar-industrial que gobierna allí santifica la beligerancia sionista, respalda irrestrictamente a Israel...

Para nada importa quién salga presidente en Estados Unidos: el complejo militar-industrial que gobierna allí santifica la beligerancia sionista, respalda irrestrictamente a Israel en las amenazas a las naciones vecinas y se muestra débil ante un lobby que dirige virtualmente su política externa y pone en peligro al planeta.
                                                                      
Se dice que Obama es el preferido por estos hijos de Sión que hacen y deshacen, tienen un cúmulo de sospechas sobre su participación en los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001 y convierten en inequitativa la norma de las Naciones Unidas que establece que solamente pueden tener la bomba nuclear los cinco países integrantes del Consejo de Seguridad: Estados Unidos —el único que la ha utilizado, contra dos ciudades japonesas— Francia, Reino Unido, Rusia y China. También la poseen la India, Paquistán y la República Popular Democrática de Corea.
                                                                                         
Israel nunca ha desmentido que tiene centenares de bombas nucleares, pero sí halla eco en sus acusaciones sobre supuesta tenencia iraní al respecto, lo cual ha «justificado» el injustificable andamiaje occidental de sanciones de todo tipo, sin hacer caso de las afirmaciones de Teherán de que su programa es pacífico y que el propio Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) ha admitido que en dos recientes monitoreos no ha hallado peligro alguno, como dijo hace unos días el canciller ruso, Sergei Lavrov.
                                                                                            
Precisamente, Israel rechaza cualquier inspección del OIEA y, a su vez, ha reclamado mayores sanciones contra Irán, lo cual demuestra las desigualdades de condiciones en la comunidad mundial, al dividirse esta cuestión entre amigos y enemigos de Estados Unidos.
                                                                                                    
El peligro de este aspecto es tal, que el gobierno de Tel Aviv habla nuevamente de un ataque nuclear contra los reactores iraníes, si las medidas de EE.UU. y sus aliados no debilitan a la nación persa.
                                                                                 

Moverían a risa –si no fuera tan grave- los llamados de Washington para que Israel no se lance en una acción que pudiera provocar una hecatombe no solo regional, sino mundial.
                                                         
La acción contra Irán no solo tendría consecuencias militares, lo cual incluiría que misiles de Teherán caerían en suelo israelí y golpearían las bases norteamericanas en Bahrein, Kuwait y Omán; sino también económicas, porque impediría el paso de un tercio del petróleo mundial por el Estrecho de Ormuz.
                                                                                 
Un hecho al efecto también implicaría a Turquía, con ambiciones en la región; Iraq, que podría partirse en dos; y Arabia Saudita, enemiga acérrima de Irán, que ya logró su  “sueño” de ayudar al derrocamiento y asesinar a los principales gobernantes de Libia e Iraq, y ahora trata de hacer lo mismo en Siria.
                                                     
A ello se añade una cuestión extremadamente grave indicada por el intelectual y periodista francés Ignacio Ramonet en Le Monde Diplomatique: un bombardeo de los sitios nucleares iraníes causará una nube radiactiva nefasta para todas las poblaciones de la zona, incluidos miles de militares norteamericanos y los habitantes de Israel.
                                                                                                     
Se habla y se vuelve a hablar de que la época de la diplomacia no ha acabado, por lo cual se vuelve a llamar a conversaciones de paz. Pero ello es imposible, mientras Estados Unidos siga bendiciendo la agresiva política atómica sionista.

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