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Martes, 04 Octubre 2011 22:12

¿Nacionalización, mercantilismo, desnaturalización, orgullo…?

Escrito por  Harold Iglesias Manresa
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El dinero mueve al mundo, nadie pone en duda semejante verdad, incluso desde antes de su aparición real, cuando la sal era una conversión de valor y el trueque la forma fundamental de pago.


El dinero mueve al mundo, nadie pone en duda semejante verdad, incluso desde antes de su aparición real, cuando la sal era una conversión de valor y el trueque la forma fundamental de pago.

Con el decursar de los años la globalización neoliberal y la movilidad de capital, empresas e incluso personas que esta acarrea consigo ha conllevado a un proceso de mixtura y reconstrucción de las identidades nacionales, del cual el deporte no ha estado exento.

Poco queda o casi nada de los valores lúdicos promulgados por el Barón Pierre de Cubertin y bajo los que un día vieron la luz los Juegos Olímpicos de la edad moderna. Ante los cambios y flujo de “dinero” mencionados, (especialmente en África y Europa como consecuencia también de los cambios políticos), se ha desatado un fenómeno un fenómeno: la nacionalización de deportistas.

Profesionales del deporte cambian de clubes y países, y con el paso del tiempo acaban asimilando la nacionalidad de la nación que los acoge. Generalmente se trata de un proceso lento y paulatino (aunque ahora están de moda las nacionalizaciones express vía boda o vía decreto político y talonario de por medio) en donde el deportista marcha de su país de origen en busca de unas mejores condiciones deportivas y de vida. Esta es una norma no escrita que también tiene sus excepciones. ¿Dónde quedaron entonces esos sentimientos de orgullo patrio, el valor de una medalla, la emoción de entonar el himno del país que lo vio nacer?

DESPEGUE Y EVOLUCIÓN DE LA DESNATURALIZACIÓN…

A pesar de su explosión a nivel supremo a partir de los Juegos olímpicos de Sydney’00 el fenómeno de la naturalización de los deportistas es añejo a nivel mundial. El ex futbolista argentino Alfredo Di Stefano fue uno de los pioneros cuando a mediados de la década del cincuenta del pasado siglo decidió volverse español.

José Ramón Fernández, presidente del Comité Olímpico Cubano, ha criticado siempre este fenómeno que calificó como “despojo de talentos a las naciones pobres”.

Algunas naciones permiten que sus deportistas naturalizados conserven una doble ciudadanía, pero otros ― como México ―, sede de los XVI Juegos Panamericanos de Guadalajara no lo aceptan. Y si bien esta ‘transición de banderas’ se da prácticamente en todas las disciplinas, es posible detectar una mayor incidencia en el atletismo, el fútbol y el baloncesto; quizá aún más en este último, pues gran cantidad de jugadores con alto rendimiento salen de Sudamérica y optan por cambiar el color de su pasaporte con la esperanza de así lograr vestir la playera de un combinado nacional, lo cual difícilmente lograrían si se quedaran en su lugar de nacimiento.

Volviendo al deporte rey y al continente americano, hemisferio que nos compete más ante la proximidad de la justa multideportiva continental, hay un ejemplo sólido: Bernard Kipchirchir Lagat nació en Kenia y es especialista en la prueba de los 1,500 metros planos. Tras contender durante varios años por su terruño, en mayo de 2004 obtuvo la ciudadanía estadounidense. No obstante en los Juegos Olímpicos del mismo año representó a Kenia, situación que posteriormente tuvo que lamentar pues las leyes kenianas no admiten la competencia de deportistas con doble nacionalidad, por lo que a la fecha la medalla de plata que consiguió se encuentra en medio de una disputa legal.

¿Un dato curioso? En la cita estival del Gigante asiático España participó con 22 atletas nacidos fuera de sus fronteras. Países como Bahrein, Qatar e incluso Estados Unidos han agrandado su leyenda atlética gracias a deportistas africanos.

Pero la nacionalización no solo ha plagado las disciplinas de mayor renombre: el tiro deportivo el búlgaro Emir Milev, nacionalizado estadounidense, la georgiana Khatuna Lorig, quien a sus 37 años disparará flecha en representación de la nación más poderosa del mundo, el badminton, el patinaje de velocidad donde los colombianos quieren esparcir su hegemonía compitiendo bajo otras banderas, además del tenis de mesa donde al igual que en el badminton, los jugadores de origen asiático están diseminados por las más disímiles latitudes y tienen copado el ranking mundial.

Detengámonos en el también llamado ping-pong, pues aquí el caso es sumamente alarmante. Imaginen que el actual doble monarca panamericano y mejor ubicado en el escalafón es el ¿dominicano? Ju Lin (88). Entre las féminas su “coterránea” Xue Wu (53) y la estadounidense Jun Gao (59) parecen no dejarle muchas opciones al resto. Eso no es todo, el equipo completo femenino de Estados Unidos y Canadá responde a atletas de origen asiático. Otro tanto sucede con algunas figuras del elenco varonil de Brasil. Entonces, ¿se impone superar remates de otro hemisferio para llegar al podio de América?

Créanme y para no disgregarlos más, esta realidad, lejos de atenuarse es propensa al crecimiento. ¿Los móviles? Dinero, mercantilización, mejores condiciones de vida y el intento por hegemonizar los resultados deportivos, sin importar el precio.
Ahora, en los Panamericanos de Guadalajara, no serán pocos los deportistas nacionalizados en concurso, los veremos sudar, gritar, destilar adrenalina, e incluso cantar el himno de la nación que representen los que resulten agraciados en calidad de campeones. En el fondo algo los tocará, esa sensación de nostalgia por no haber competido por su verdadera patria.

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Comentarios  

 
#1 CARLOS V 07-10-2011 12:54
EN VENEZUELA HAY UN REFRÁN QUE DICE ASÍ: CHEQUERA MATA A GALÁN!!!
 

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