martes, 22 enero 2019, 00:56
Miércoles, 24 Octubre 2012 05:28

Embustes contra Cuba: Favores de la mentira

Escrito por  Nicanor León Cotayo, especial para Cubasi
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Hace algo más de medio siglo el gobierno de Estados Unidos fabricó y echó a andar campañas propagandísticas contra Cuba que aún se mantienen vigentes.

 

La más reciente versión estuvo referida a la supuesta gravedad de Fidel Castro, a quien llegaron a presentar como “muy cercano al estado neurovegetal”.

Al igual que siempre la secundaron, entre otros,  El Nuevo Herald, The Miami Herald y el periódico español ABC, ahora en situación muy embarazosa después de comprobarse su embuste.

Han sido tantas las invenciones condimentadas en Washington y distribuidas por su maquinaria propagandística y sus vasallos que me facilitaron material para un libro, Señora Mentira.

Una de las primeras circuló a cargo de las agencias noticiosas estadounidenses Associated Press (AP) y de la UP (más tarde llamada UPI), en el sentido de que Fidel Castro murió un poco después de haber desembarcado con sus hombres en la costa sur de la entonces provincia de Oriente.

Para desmentirlas, el Movimiento Revolucionario 26 de julio trasladó clandestinamente hasta la Sierra Maestra al jefe de la página editorial del periódico The New York Times, Herbert L. Matthews, con la intención de que palpara  sobre el terreno la falsedad de lo difundido al mundo en cuanto a la  muerte de Fidel.

Así ocurrió, y la foto y el texto sobre la histórica entrevista realizada el 17 de febrero de 1957 entre el  jefe guerrillero y el periodista caracterizado como “el hombre con su eterna pipa colgando de la boca”, recorrieron el planeta.

De esta manera las versiones transmitidas por órganos de prensa estadounidenses respecto a la muerte de Fidel Castro quedaron hechas ceniza. Pero las cruzadas propagandísticas de Washington contra Cuba no se detuvieron.

Arrancaron poco después del triunfo insurreccional del primero de enero de 1959, bajo el predominio aún del capitalismo, un gobierno con fuerte presencia de figuras derechistas y cuando ni se hablaba de establecer relaciones con la Unión Soviética. Entonces ¿cuál fue el pretexto?

Los juicios iniciados en La Habana a los asesinos y torturadores de la tiranía de Fulgencio Batista y Zaldivar que no pudieron escapar hacia Estados Unidos.

Al mismo tiempo, y como parte de un estilo seguido hasta el presente, acudieron al silencio para no dar a conocer que tales juicios se llevaban a cabo en sintonía con las normas jurídicas establecidas para circunstancias como esas.

A partir de ahí, comenzó una sucesión de campañas únicamente diferenciadas entre sí por los temas y matices de su lenguaje, pero iguales respecto al propósito de presentar la vida en Cuba semejante a un pequeño infierno sobre la Tierra, y justificar así cualquier medida contra esta.

En tal escenario se exhiben, desde un feroz violador de los derechos humanos invitado al Congreso de Washington para denunciar a Cuba por no respetarlos, hasta un llamado torturador cubano de prisioneros norteamericanos en Vietnam que nunca había estado en ese país asiático.

También el caso de miles de niños de la isla enviados sin sus padres a Estados Unidos para salvarlos de una ley jamás dictada que teóricamente los pondría en manos del Estado; o de un supuesto poeta inválido y torturado que no era nada de eso.

Y a manera de colofón la imagen de un Fidel Castro millonario desmentido en un gran titular por los mismos que desataron la campaña en la famosa revista norteamericana Forbes.

A esa colección de iniquidades se sumó ahora la campaña sobre la titulada gravedad de Fidel Castro e, incluso, hasta la tocante a su muerte.

Sus autores son los mismos que propagan la versión de la no existencia de elecciones en Cuba, así como de la falta de libertad y democracia en la nación, al tiempo que exaltan las virtudes de empleados de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana a quienes  llaman “disidentes”.

El nuevo cañonazo recibido por su propaganda tiende a reducirles aún más su frágil credibilidad y por tanto a disminuir su valor de uso ante quienes los arriendan.

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