lunes, 23 abril 2018, 11:21
Jueves, 11 Octubre 2012 06:24

Venezuela: ¿Pasos al encuentro?

Escrito por  Jorge Gómez Barata
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Al celebrar su victoria, el presidente Chávez ha tenido el valor de sugerir la posibilidad de un «diálogo institucional» con la oposición, cuya sola mención es de por sí trascendental.

Si Capriles Radonski no estuviera tan a la derecha ni Hugo Chávez tan a la izquierda, después del enfrentamiento electoral que con una participación superior al 80.72 por ciento del padrón mostró un electorado fracturado casi a mitades iguales (5544), pudiera especularse con que ambos dieran pasos al costado para explorar la posibilidad de cohabitar en el centro de gravedad del más complejo evento político latinoamericano del momento.

Al celebrar su victoria, el presidente Chávez ha tenido el valor de sugerir la posibilidad de un «diálogo institucional» con la oposición, cuya sola mención es de por sí trascendental. La idea ha sido alimentada por la correcta actitud del candidato perdedor, quien acató la voluntad popular y saludó al adversario frente al cual, hasta la víspera, no ahorró armas, argumentos ni invectivas.
 

La probabilidad, normal en cualquier país convencional, es ahora trascendental dada la naturaleza del proceso político venezolano, donde tiene lugar una revolución que ha llenado con nuevos contenidos las estructuras de la democracia electoral tradicional y plantea el cambio revolucionario en términos diferentes. La venezolana es la única revolución en toda la historia que al realizarse y consolidarse en democracia conlleva costos sociales y políticos mínimos.

En Venezuela, donde no ha corrido la sangre, no existen presos políticos, nadie ha sido fusilado, no ha dejado de regir la Constitución ni de efectuarse las elecciones que en cada período han correspondido; sin fracturas institucionales trascendentales, tienen lugar profundos cambios políticos, económicos y sociales que avanzan al llamado Socialismo del Siglo XXI.

Bajo ese programa se ha ampliado el sector social de la economía, se adoptan políticas sociales de enorme trascendencia, se conquista la justicia social y distributiva y se eleva el protagonismo del Estado con las mismas fuerzas armadas y los mismos partidos políticos, sin suprimir la propiedad privada, el parlamentarismo liberal y sin dañar sensiblemente el poder mediático de la burguesía local. Allí, aunque muchas cosas son iguales, todo es a la vez diferente.

Aunque difícilmente alcanzable debido a la polarización existente, la aproximación entre el gobierno y la oposición sería más viable para el presidente que para su adversario. Para Chávez, con una renovada capacidad de convocatoria, un discurso unitario no es solo una muestra de generosidad y de altura, sino también un ajuste estratégico que sus bases comprenderían y apoyarían mientras que para Capriles significaría la ruptura con el núcleo duro de la derecha, la burguesía y la oligarquía que no admite otra táctica que la restauración. Es probable que Estados Unidos no endose una maniobra de semejante calado.

De todos modos Chávez ha dado el primer paso, planteando un curso en el que reconoce que es preciso hacer ajustes y rectificaciones al proceso revolucionario. Si la oposición, también legitimada electoralmente, se aviniera al diálogo, se abriría un interesante paréntesis. De atrincherarse y rechazar el ramo de olivo que se le ha extendido, Capriles y sus seguidores darán nuevos argumentos a la Revolución y cederán terreno. En cualquier caso, a ellos corresponde mover fichas: Chávez sugiere y aguarda. Allá nos vemos.


 

 

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