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Viernes, 05 Octubre 2012 04:55

Venezuela: La «Misión Imposible» de Henrique Capriles Radonski

Escrito por  Alfredo G. Pierrat
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«El camino que Capriles propone está lleno de chavistas». La espectacular concentración que abarrotó hoy siete avenidas del centro de Caracas, en el acto de cierre de campaña de Chávez, parece darle la razón.

Nacido en cuna de oro y con 40 años cumplidos, Henrique Capriles Radonski entró en la política gracias a la fortuna familiar y aspira este domingo a convertirse en presidente de Venezuela, un reto muy difícil de lograr.

Su actuación como diputado al extinto Congreso Nacional, alcalde del municipio Baruta y luego gobernador del estado Miranda, jalonan su trayectoria, antes de convertirse en febrero pasado en candidato único de la oposición para enfrentar al presidente, Hugo Chávez, en las elecciones del 7 de octubre.

Del «flaquito», como se ha llamado a sí mismo en algunos de los mítines de la campaña presidencial que ha realizado en su recorrido «pueblo a pueblo», mucho se ha escrito y dicho sobre sus tendencias ideológicas, pero lo único claro y bien establecido es que definitivamente no es un hombre de izquierda.

Por el contrario, algunos antecedentes de su trayectoria inducen a ubicarlo en la ultraderecha o en posiciones cercanas a ella, particularmente su militancia en la filial venezolana de la organización ultraderechista Tradición, Familia y Propiedad (TFP), una agrupación de laicos católicos fundada en 1960 en São Paulo, Brasil, por el político, periodista y escritor ultraconservador brasileño Plinio Corrêa de Oliveira.

Se afirma que en Venezuela TFP solo reclutaba jóvenes católicos, blancos y provenientes de familias adineradas y, según el abogado y activista por los derechos humanos Juan Martorano, a Capriles Radonski probablemente le perdonaron sus orígenes judíos porque es un ferviente falangista católico y por el poder económico de sus progenitores.

Pero lo que mejor lo ubica son sus actuaciones políticas, que en la práctica diaria tuvieron sus momentos culminantes en abril del 2002, con su participación directa en el golpe de estado contra Chávez, su protagonismo incuestionable en el asedio e intento de allanamiento de la embajada de Cuba en Caracas y en la cacería de brujas desatada contra funcionarios del gobierno tras el secuestro del presidente.

Detrás de «chocolate dulcito», como también se ha llamado a sí mismo, están, sin dudas, los más poderosos grupos económicos y financieros de Venezuela y de importantes transnacionales estadounidenses y europeas, que tienen como interés común recuperar el control del país y, sobre todo, de la industria petrolera de la nación con mayores reservas probadas del mundo.

Esto se puso en evidencia con claridad al salir a la luz pública en agosto pasado el contenido de un programa de gobierno, hasta entonces secreto, para ser ejecutado por Capriles en caso de llegar a la Presidencia.

En síntesis, se trata de un programa de contenido abiertamente neoliberal, que incluye medidas que, de aplicarse, significarían el desmontaje de prácticamente todo lo logrado por el gobierno del presidente Chávez a lo largo de 13 años y, en especial, la entrega de la industria petrolera a la empresa privada y a las transnacionales foráneas.

Es con esas propuestas, que disfraza y maquilla, que Henrique Capriles Radonski se presenta a la cita electoral del 7 de octubre, en la que, según la mayor parte de las encuestas realizadas por consultoras serias y de reconocida trayectoria profesional, no tiene la más mínima posibilidad de ganar. A lo largo de su campaña, Capriles Radonski ha tratado de convencer a los venezolanos de que «hay un camino» distinto al emprendido bajo el gobierno del presidente Chávez, y los ha invitado a subirse con él al «autobús del progreso».

Al respecto, Miguel Ángel Pérez Pirela, conductor del programa televisivo Cayendo y Corriendo, resumió hace algunas semanas de manera muy gráfica las posibilidades electorales de este candidato: «El camino que Capriles propone está lleno de chavistas».

La espectacular concentración que abarrotó hoy siete avenidas del centro de Caracas, en el acto de cierre de campaña de Chávez, parece darle la razón.

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El candidato a la presidencia de Venezuela, Hugo Chávez, afirmó ante una multitud que cubría siete de las principales autopistas de la capital venezolana que «hay un solo grito por toda Venezuela, gana Chávez el 7 de octubre».

Las elecciones del próximo domingo tienen un significado histórico análogo al que, en su momento, tuvo la Batalla de Ayacucho: de su resultado depende el futuro de América Latina y el Caribe.

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