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Jueves, 13 Septiembre 2012 08:23

Venezuela a estas alturas del partido electoral

Escrito por  Jorge Ángel Hernández
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Mientras sondeos y encuestas siguen dando ventaja a Hugo Chávez antes de las elecciones venezolanas del próximo octubre, las divisiones en la MUD se hacen patentes.

Mientras sondeos y encuestas siguen dando ventaja a Hugo Chávez antes de las elecciones venezolanas del próximo octubre, las divisiones en la MUD se hacen patentes. Los partidos Piedra, Unidad Democrática, Manos por Venezuela y Cambio Pana retiraron ante el Consejo Nacional Electoral su apoyo al candidato opositor, Capriles Radonsky. No se trata de organizaciones o grupos dispuestos a sumarse a la revolución bolivariana, siquiera por presuntos pactos de conveniencia, o de resentimientos abstrusos e inmediatos, sino de sectores que se han visto marginados del paquete de acción y promesas del partido opositor y avizoran de pronto un filón de visibilidad. Se sabía, no obstante, que de las tres siglas de la MUD, la única que pudiera sentarle es la primera: mesa. Ni democracia, ni unidad.

La precariedad de la unidad opositora, denunciada desde su misma formación, revela hasta qué punto la estrategia injerencista de la MUD depende de pinzas mediáticas y construcciones de estados de opinión. Era un hecho por demás evidente desde el momento en que decidieron hacerse representativos mediante un candidato joven dispuesto a plagiar demagógicamente los avances del gobierno bolivariano y a sobredimensionar los errores y deslices de procedimiento. Contaban, sin embargo, con poderosos factores económicos dispuestos a asociarse y hasta con la visión objetiva de sus asesores estadounidenses, conscientes de que, si bien no es posible que aspiren a una victoria electoral, sí pueden ocupar el panorama mediático para crear condiciones de justificación de la violencia e intervención, directa o de opinión, de organizaciones extranjeras en el proceso venezolano.

La campaña de la MUD apenas habla de cifras de crecimiento social, cultural, de educación y de salud, sino de futuras panaceas del progreso económico y supuestas arbitrariedades y polarizaciones gubernamentales. Aplica además las convencionales técnicas de desinformación masiva, sobre todo usando los viejos esquemas de Guerra Fría y propaganda negra. Se proyecta así sobre el imaginario social la construcción de sentido que el propio consenso propagandístico ha generado. Capriles se vale de predecir el miedo, la represión, el totalitarismo y otros elementos que forman parte del accionar abstracto de la ideología burguesa. Sin embargo, entre sus partenaires de campaña se hallan nueve firmantes del carmonazo, participantes activos del frustrado golpe de Estado al que él mismo se integrara con singular encono. Personas que no dudaron en abolir la Constitución, disolver los poderes públicos y destituir a sus representantes de apenas un plumazo.

Sobre el pretexto de la polarización de la campaña se han montado estas cuatro organizaciones opositoras para salirse del plató y conseguir, en el momento justo acaso, un llamado de atención mediática. Cansados sin duda de sus papeles de relleno, intentan deslindarse de la Mesa y, de paso, o quién sabe si como principal objetivo, aguijonear la campaña del PSUV. Es difícil, a fin de cuentas, que arrastren los votos suficientes como para incidir en los índices de ambos candidatos. Y  habría que detenerse en motivaciones más terrenales que las de la demagogia de Partido para calificar las verdaderas causas, cuestión que de momento no vale la pérdida de tiempo. Sin embargo, los elementos del show son evidentes y no hay que dejarse llevar por sus melodías de sirena. Pudiera, en todo caso, desmembrarse parte del Partido opositor, pero a estas alturas del partido apenas les queda cumplir el plan estratégico injerencista, hasta la derrota final.

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