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Martes, 02 Octubre 2012 11:28

Dubai: Tembleque millonario

Escrito por  Arnaldo Musa
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Vuelve a pasar en menos de cuatro años: por segunda vez  millonarios en bancarrota que huyen de Dubai abandonan sus costosos autos en los alrededores del aeropuerto de la isla. Son lujosas víctimas de la crisis económica.


Pero quedan muchos que usan el dinero para hacer imponentes arquitecturas, cuando en otros lugares hay hambre y desempleo.
                                                                                                     
La razón de los millonarios abandonos radica en que las leyes de Dubai son muy estrictas con quienes deben grandes cifras de dinero. A diferencia de otros países, en que los empresarios con deudas rara vez van a la cárcel, allí es muy difícil escapar a una pena de presidio. Por lo que, cuando ven que sus compañías ya solo están generando pérdidas, los  empresarios quebrados escapan del país en forma apresurada, sin ni siquiera tener tiempo para vender sus bienes.
                  

Más de tres mil autos de lujo fueron abandonados el año pasado. La mayoría fueron rematados por la policía o desarmados por partes y revendidos en el mercado negro.
                                                                          
Uno de los empresarios que huyeron le dijo a The Sun: «Dubai era una verdadera mina de oro hasta que el tren de la gravedad nos cayó encima. Mucha gente que hizo rápidamente una fortuna está comenzando a perderlo todo». 
                                                                             
Pero hay de todo: un príncipe compró con 27 millones de dólares a los mejores caballos del mundo; otro, se hizo del club de fútbol español Málaga, aunque especificó  a ejecutivos y jugadores que si no mejora este año, no dará ni un euro más; se inauguró el fabuloso hipódromo de Meydan, con capacidad para 50 000 espectadores, a un costo de 2000 millones de dólares y se terminaron de levantar nuevos rascacielos, algo que solo puede lograr el poder económico que el petróleo otorga..
                                                                                                                                      
Dubai es uno de los siete emiratos que integran desde 1971 los Emiratos Árabes Unidos. En sus 3900 kilómetros cuadrados habitan 1 448 000 personas, el 80% extranjeros.
                                                               
Por ello, la crisis adquiere otros matices, como hace dos años, que no detuvo ni empañó la inauguración del rascacielos más alto del mundo en Dubai, con todos los lujos y las comodidades.
                                                           

Para el que conozca transitoriamente a Dubai, ya desde el aire se podían divisar sus enormes edificios, muchos semejantes a minaretes, como parte del contraste de una ciudad en que la cultura árabe cede ante el afán de erigir una moderna metrópoli del siglo XXI.
                                                                                                               
Su aeropuerto presentaba también todo lo que podía adquirir una sociedad de consumo, desde el clásico pistacho de almendras, revestido con chocolate, hasta el automóvil Rolls Royce enchapado en oro. Atentos empleados por doquier, en su inmensa mayoría filipinos, indios y paquistaníes, entre otras nacionalidades.
                                           
Pese a estar en una región árida, rodeada de desiertos, logró ser considerada la joya de los Emiratos Árabes Unidos, con rascacielos que fueron creciendo.
                                                                                       
La famosa The Palm, al igual que el archipiélago The World, son de los tantos proyectos que manejó la empresa estatal Dubai World, y que ayudaron a hacer famoso al país durante años.
                                      

Pero la oferta era demasiado para una demanda insuficiente, y en el mercado capitalista es virtualmente un suicidio. Así Dubai World se endeudó en casi 26 000 millones de dólares de los 88 133 millones que debe el emirato, lo que supone el 48% del total acumulado por los Emiratos Árabes Unidos (184 520 millones), según un informe del Bank of America Merrill Lynch.
                                                                    

Muchos se fueron al emirato en pleno boom inmobiliario, cuando el Estado lo potenciaba como un centro turístico y financiero para todo el Medio Oriente. Fueron creadas islas y canales artificiales, se compraron las tiendas de lujo norteamericanas Barney’s por 825 millones de dólares y el barco Queen Elizabeth II por 100 millones para crear un hotel flotante, entre otras muchas inversiones.
                             

Pero, y aquí volvemos al principio del comentario, ya algo volvía a andar mal en el emirato, donde no pagar las deudas equivale a penas de prisión.
                                                                                                                   
No obstante, el problema no fue tan grave como en el 2008, cuando estalló la burbuja financiera inmobiliaria, al bajar el precio de la vivienda en un 49% y la bolsa de valores cayó en un 80%.
                                     
Pero ayer, como hoy, y pese a los pronósticos, el Gobierno dubaití restó importancia a la sacudida de los mercados mundiales. Aseguró que serían cumplidos todos los compromisos, planteamientos que fueron respaldados por otro de los emiratos, Abu Dhabi, que sí es petrolero y cuyo banco central anunció que seguirá invirtiendo en Dubai.
                                                                                                               
En este contexto se han estudiado algunos proyectos constructivos, calificados de extravagantes, para comprobar su viabilidad, aunque se siguen inaugurando rascacielos, entre ellos el Burj Dubai, inaugurado este lunes, repito, a un costo de 4100 millones de dólares, mientras en el resto del mundo millones de personas dejan de ingresar dinero, pero sí hambre y desempleo.

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