miércoles, 26 septiembre 2018, 05:09
Jueves, 06 Septiembre 2012 05:37

Convención demócrata: Sus ataques a Cuba y Venezuela

Escrito por  Nicanor León Cotayo
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¿Tienen moral quienes arremetieron contra Cuba y Venezuela en la plataforma política del Partido Demócrata para actuar de esa manera? Entre ninguna y extremadamente escasa.

 

Un adelanto de la plataforma política sometida a la Convención Nacional del Partido Demócrata de Estados Unidos, en Charlotte, Carolina del Norte, reveló el propósito de aumentar su intromisión en los asuntos domésticos de Cuba y Venezuela.

Ahora la orientación dada a conocer en Charlotte, para un posible  nuevo gobierno de Barack Obama, sintoniza con la experimentada sin éxito desde hace más de 50 años por otras administraciones  de Washington.

Incluye la aprobación de medidas para entorpecer e incluso llegar a paralizar el orden económico, político y social existente en ambas naciones, con el añejo pretexto de impulsar allí una mayor libertad.

De esta manera, tanto en la reciente Convención Nacional del Partido Republicano, como en estos momentos la del Demócrata, emulan en la utilización de los temas de Cuba y Venezuela para alcanzar impúdicos objetivos políticos.

Sería un craso error afirmar de manera absoluta que Estados Unidos no ha variado su comportamiento hacia la isla. ¿Por qué? Baste citar un ejemplo.

El 16 de marzo de 1960, Dight Eisenhower, entonces presidente de ese país, dio luz verde al llamado “Plan encubierto contra Castro”, repleto de acciones subversivas contra la nación caribeña.

A la vez, como trascendió después, ordenó severamente a sus colaboradores: “pero que nuestras manos no aparezcan mezcladas en esto”. Más tarde, y hasta hoy, comenzaron a actuar sin ocultar ni sus manos ni su rostro.

Sus delitos llegaron al extremo de ser convertidos en leyes, como en los casos durante los años 2004 y 2006 de la Torricelli y la Helms-Burton, esta última incluso portadora de un texto que llega a enunciar un bloqueo internacional “obligatorio” contra Cuba.

Pero esa conducta ha implicado también un alto precio a la diplomacia de Estados Unidos, porque, a partir de 1992, la Asamblea General de la ONU aprobó 20 resoluciones consecutivas que desaprueban y exigen el fin de esa política.

Entre sus impulsores más enérgicos estuvieron desde el principio  los congresistas republicanos de origen cubano Ileana Ros-Lehtinen y los hermanos Lincoln y Mayito Díaz-Balart, junto al demócrata Bob Menéndez.

Múltiples foros internacionales han unido sus votos a la posición asumida por la Asamblea General de la ONU, así como numerosos parlamentarios, organizaciones no gubernamentales, juveniles, femeninas, iglesias, y diversas personalidades.

Cuba ha sido elegida y reelegida, antes y ahora, para formar parte de órganos especializados en derechos humanos de  Naciones Unidas; reconocida por instituciones subordinadas a esta en los campos de la educación y la salud pública a escala mundial, y ahora mismo el hondo significado que entraña su papel, junto a otras naciones, en el trascendental proceso de paz iniciado en Colombia.

¿Tienen moral quienes arremetieron contra Cuba y Venezuela en la plataforma política del Partido Demócrata para actuar de esa manera? Entre ninguna y extremadamente escasa.

Sus promesas electorales del 2008 no han sido cumplidas, aún están a medio camino o logradas a duras penas en medio de un futuro incierto.

No son ajenos, y más bien han sido cómplices activos o pasivos de  un bloqueo que le ha arrancado enormes recursos al pueblo cubano y obstaculizado su desarrollo productivo, científico, editorial,  deportivo y artístico.

A Venezuela la defiende, en primer lugar, su monumental obra humana, que explica la razón esencial de que una clara mayoría del pueblo haya acompañado a Hugo Chávez y el resto de sus líderes en un conjunto de pruebas electorales sin precedentes allí ni en el conjunto de América Latina.

La verdadera preocupación, aun cuando lo hayan silenciado las Convenciones republicana y demócrata, radica en las inmundicias que trepan desde los tobillos hasta el cuello del estropeado mundillo político de Estados Unidos.

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