viernes, 13 diciembre 2019, 04:01
Jueves, 14 Noviembre 2019 00:56

Revela La Jornada vínculos de militares bolivianos con Estados Unidos

Escrito por  Prensa Latina
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La mano del Imperio asoma detrás del golpe en Bolivia, donde tanto la policía como el ejército tienen vínculos estrechos con Estados Unidos y sus agencias, escribió hoy en La Jornada Luis Hernández Navarro.

El periodista asegura que muchos de sus actuales mandos pasaron por academias estadunidenses cuando eran sargentos o tenientes. El general Vladimir Yuri Calderón, (hasta ayer) comandante general de la policía, fue agregado policial en Washington hasta diciembre de 2018.

El comandante en jefe de las fuerzas armadas, Williams Kaliman, fue agregado militar en el país de la bandera de las barras y las estrellas entre 2013 y 2016. Ello no significa que dentro del ejército no existan militares patrióticos comprometidos con el proceso de cambio, revela el articulista.

Hernández Navarro señala que la contrarrevolución transitó por la avenida del racismo y el clasismo. La cabeza visible de la asonada golpista, el empresario ultraderechista Luis Fernando Camacho, presidente del Comité Cívico regional de Santa Cruz, apenas alcanzó cuatro por ciento de los votos en las pasadas elecciones.

Aunque Evo Morales ganó los comicios del pasado 20 de octubre por un margen un poco mayor a 10 por ciento, sus enemigos declararon inválidos los resultados y escalaron la violencia, para justificar un golpe de Estado cívico, policial y militar.

Para evitar el derramamiento de sangre, Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera presentaron su renuncia.

El periodista indica que la nueva asonada golpista es innovación de los viejos manuales contrarrevolucionarios. Durante meses, los medios de comunicación dominantes fabricaron matrices de opinión falsas para deslegitimar al mandatario y al proceso de cambio ante la opinión pública.

Al terminar los comicios, la oposición rechazó los resultados que le fueron desfavorables y denunció fraude, sin presentar una sola prueba, negándose a participar en la auditoría conducida por la Organización de Estados Americanos (OEA).

Los grupos cívicos (dirigidos por empresarios de ultraderecha) salieron a calentar las calles, amenazando y golpeando a ciudadanos. La policía nacional se replegó a los cuarteles y dejó que los opositores ejercieran la violencia.

Grupos civiles armados y uniformados amedrentaron a dirigentes del Movimiento al Socialismo (MAS), ministros y cargos públicos para obligarlos a renunciar, y prendieron fuego a sus casas. Finalmente, el ejército se volteó y pidió la renuncia del mandatario.

La OEA desempeñó un papel clave en la preparación y legitimación del golpe. Envió a Bolivia como jefe de la misión al mexicano Arturo Espinosa, un furibundo enemigo de Evo Morales. El funcionario se vio obligado a renunciar ante su absoluta falta de imparcialidad.

Finalmente, el organismo presentó un informe preliminar sobre los comicios, basado en una muestra de tan sólo 333 actas, de un total de 34 mil 555. Allí señala que encontró irregularidades (que van desde una tachadura hasta una firma) en 23 por ciento de esas actas.

En Bolivia se realizó un golpe de Estado para echar atrás 13 años de transformaciones políticas y sociales profundas, y regresar a esa nación a la órbita imperial. Pero, nada está escrito aún en definitiva. En la lucha entre revolución y contrarrevolución, es el pueblo boliviano quien tiene la última palabra, concluye el periodista.

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