martes, 12 noviembre 2019, 04:31
Viernes, 08 Noviembre 2019 05:00

Represión en Haití: La cotidiana lucha de los hambrientos

Escrito por  Arnaldo Musa / Especial para CubaSí
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Todo este año ha sido de protestas contra la política del hambre impuesta por el presidente de Haití, Jovenel Moise, a la ya hambreada mayoría de una sufrida nación, donde se repiten los procedimientos policiales de represión.

Todo este año ha sido de protestas contra la política del hambre impuesta por el presidente de Haití, Jovenel Moise, a la ya hambreada mayoría de una sufrida nación, donde se repiten los procedimientos policiales de represión, que han causado más de 200 muertos (48 en los últimos días), unos 2 000 heridos y una cifra mucho mayor de personas desplazadas, por la destrucción de sus viviendas y lugares donde laboraban.

Pero esta vez la oposición haitiana se ha unido y no quiere dialogar con Moise, a quien acusan de ser un títere del imperialismo norteamericano y seguidor de las órdenes de Trump de no cejar en las demandas contra la austeridad.

Claro que a Trump no le importan el hambre y la muerte reinantes en Haití, contento de que un negro elimine a los de la raza tan odiada por él y quienes le apoyan en su dura política contra los pueblos que el Imperio oprime o trata de hacerlo.

Lo real es que grupos de jóvenes y miembros de la oposición se han estado movilizando a favor de un cambio político en el país. Sus demandas más urgentes son el fin de la impunidad de los corruptos, un sistema democrático más transparente y justo, y mayor igualdad de género.

Moise ofrece un diálogo, pero solo para permanecer en la presidencia, mientras hace lo que solo sabe hacer: intensificar la represión hasta dentro de las propias casas de quienes se niegan a admitirlo, tal como sucede por estos días en Chile y Honduras, como máximos ejemplos de desgobiernos.

Pero si el número de fuerzas policiales no bastara, hay que recordar que el país más pobre del continente está ocupado por unos 7 000 soldados de la Misión de “estabilización” de la ONU (Minustah) desde el 2004, tras una intervención militar de Estados Unidos que depuso al presidente Jean-Bertrand Aristide por Boniface Alexandre. Desde entonces, la Minustah, encabezada por EE.UU., Brasil y Argentina, entre otros, fue denunciada por infinidad de abusos y violaciones a los derechos humanos.

Y es que, bajo un supuesto objetivo de “estabilizar la democracia”, llevar “asistencia humanitaria” y combatir la delincuencia, el país se encuentra desde hace más de una década ocupado militarmente. El objetivo real siempre fue sostener a los gobiernos cipayos del imperialismo para que impongan los planes de ajuste diseñados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), que solo traen más hambre y miseria al pueblo, además de endeudar las cuentas públicas.

Las más recientes protestas centran principalmente su atención en la corrupción galopante de funcionarios gubernamentales a quienes no les importa que su pueblo muera de hambre.

No es de extrañar esta política neoliberal de un empresario de la industria del banano que ganó en una elección donde apenas votó el 21% de la población, y está acusado de corrupción desde el 2016.

Nada de esto le preocupa a la comunidad internacional imperialista que, desde el llamado grupo “Amigos de Haití” —integrado por un representante especial adjunto del Secretario General de la ONU; los embajadores de Alemania, Brasil, Canadá, España, Estados Unidos, Francia, la Unión Europea y un funcionario de la Organización de Estados Americanos (OEA)—, solo hace una llamada al diálogo y a reafirmar su apoyo absoluto a Moise.

Así como se está gestando una intervención imperialista contra Venezuela, bajo el argumento de la “defensa de la democracia” y la crisis humanitaria, en Haití el imperialismo es el principal responsable de mantener en la miseria absoluta a la mayor parte de su pueblo, y sostiene a todo gobierno que cumpla con sus intereses.

Escalada

Durante las últimas dos semanas, cientos de miles de personas, particularmente jóvenes, han salido a manifestarse en Haití para demandar la renuncia del actual presidente. Por varios días, el país ha vivido en estado de emergencia: las escuelas, oficinas de gobierno y los negocios cerraron; en los hospitales faltaban suministros básicos, y varias embajadas evacuaron parcialmente a su personal.

Ya desde mediados del 2018, miles de personas salieron a las calles a protestar en el marco del “PetroCaribe Challenge”, un escándalo de corrupción en el que se acusó al gobierno de malversar miles de millones de dólares provenientes del programa venezolano de petróleo PetroCaribe. Los fondos estaban originalmente destinados al desarrollo de infraestructura y programas sociales, de salud y educación.

Según el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, más de 2,6 millones de personas en Haití sufren de “inseguridad alimentaria”, como se bautiza al hambre. En un contexto de inflación de 15%, un déficit de 89,6 millones de dólares, y una moneda en rápida devaluación, la situación humanitaria empeoró.

A ello se agrega el incumplimiento oficial de reducir los precios de alimentos y de los gastos de la administración pública hasta un 30%, así como un límite a los viajes de funcionarios públicos, y la eliminación de ciertos privilegios no esenciales.

De ahí que, subrayo, un factor importante en las manifestaciones de este año ha sido la masiva incorporación de los jóvenes que demandan un cambio en el sistema político del país, cansados de que se hable de democracia, mientras no se respetan los derechos humanos, no hay libertad de expresión y no existen elecciones justas ni transparentes.

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