viernes, 13 diciembre 2019, 02:34
Jueves, 28 Noviembre 2019 05:07

JOVEN Y ARTISTA: «La danza me enseña a vivir»

Escrito por  Yuris Nórido / CubaSí
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Entrevistamos para esta serie a uno de los más jóvenes y talentosos bailarines de Danza Contemporánea de Cuba: Marcel Quesada Portela.

Marcel Quesada Portela es uno entre decenas de bailarines de Danza Contemporánea de Cuba, pero sobre el escenario se distingue por su físico y por la fuerza de su entrega. Lo entrevistamos para esta serie después de un largo y agotador ensayo en la sede de la compañía…

—¿Cuándo fue la primera vez que viste bailar a Danza Contemporánea de Cuba?

—Yo estaba en séptimo u octavo grado y nos llevaron al ensayo general de Mambo 3XXI, la coreografía de George Céspedes. Justo el día antes del estreno. Fue una locura. Imagíname a mí viendo a esa generación de bailarines, eran extraordinarios.

«Me dije: tengo que hacer esto, definitivamente. Yo tengo que entrar en esta compañía sea como sea. Por lo menos decidí que iba a hacer todo lo posible por entrar. ¡Y al final lo logré!»

—¿Qué sientes cuando entras cada mañana a estos salones?

—Realmente lo más bonito del día a día en la compañía es el sacrificio, aunque parezca extraño lo que te estoy diciendo. Puede que vengas hoy, y trabajes, y al final no te vayas con la mejor sensación de la clase. Pero esa mala sensación de hoy, mañana puede cambiar. Esos altibajos, que uno asume sacrificándose en el mejor sentido de la palabra, son los que garantizan que crezcas como artista.

—Esta compañía se caracteriza por su gran trabajo de grupo. ¿Hasta qué punto ese sentido del grupo anula o coarta la individualidad del bailarín?

—Tú siempre tienes tu punto de intérprete. De ti depende que mantengas esa aura, ese saber estar por ti mismo sobre el escenario. Pero eso nunca puede romper con el equilibrio del conjunto. Eso es fácil decirlo, pero es bastante complicado.

«Cuando por fin logramos conectar como grupo, y lanzamos una sola energía, como si fuéramos un solo cuerpo, es una de las mejores sensaciones. Sobre el escenario se siente. «Ojalá que se sintiera con la misma intensidad en las lunetas».

—¿Qué es lo que más te gusta de tus rutinas como bailarín?

—El proceso creativo de los nuevos montajes es increíble. Puedes llegar a descubrirte cosas que ni imaginabas. Y además, aprendes a conocer a tu compañero. De hecho, es posible que lo conozcas más y mejor en el montaje de una coreografía que hablando tres horas con él. Eso es hermoso, te lo puedo asegurar.

«Pero también me encanta cuando la coreografía está hecha, cuando ya el montaje es sólido y sabes perfectamente lo que tienes que hacer. Sueles darte cuenta en un momento… y ahí soy muy feliz».

—Integras una compañía con sesenta años de historia. ¿Pesan esos años?

—Esos años más bien son un motor impulsor. Se dice sesenta años y es una cifra muy linda, muy redonda, pero eso representa sesenta años un día tras otro, generaciones completas trabajando en estos salones, dándolo todo, sacrificando quizás muchas cosas. Sobre este tabloncillo mucha gente ha dejado su sudor.

«Muchos de los artistas que han pasado por esta compañía son grandes, nombres importantísimos de la cultura cubana. Eso no puede ser una carga. ¡Es una motivación! Yo me siento muy orgulloso de estar aquí».

—¿Hasta qué punto el bailarín que eres se parece al bailarín que soñaste ser?

—Esa pregunta me deja pensando. Yo creo que cuando uno entra a una compañía como esta las perspectivas cambian. Tú puedes imaginar qué cosa es Danza Contemporánea de Cuba, pero hasta que no lo vivas tú mismo, nadie te lo va a poder explicar.

«Cuando yo vi la compañía siendo todavía un niño, yo me soñaba de una manera. Pero la vida me llevó por otros rumbos. Y aquí estoy».

—¿Cuál es el momento más difícil para el bailarín?

—Cuando estás desgastado físicamente y la fuerza del cuerpo no es la de la mente. Pero precisamente la mente te ayuda a sobreponerte. Es increíble esa conexión. Yo he estado a punto de desfallecer, pero me he dicho: tienes que seguir. Y me levanto.

«Es algo que te fortalece, no solo para la danza, sino para la vida toda. La danza me enseña a vivir».

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